Diosmel Rodríguez Miami, Junio 2, 2010
rdiosmel@gmail.com
Como cubano, me ha tocado dispararme la misma película dos veces.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías ha copiado fielmente los métodos totalitarios de gobernar de Fidel Castro. No por gusto, constantemente alude a los consejos que ha recibido de Fidel. Sin embargo, lo más significativo es que la oposición ha calcado al papel carbón los métodos de la oposición cubana. Por tanto: “siempre que pasa igual sucede lo mismo”.
Una observación minuciosa y un seguimiento exhaustivo del comportamiento de Chávez demuestran cuánto ha evolucionado. El avezado alumno se ha convertido en un gran comunicador social, que domina el arte del sometimiento oral. Con eso y los mecanismos de control de las masas, por medio de las instituciones, puede vencer los procedimientos democráticos, las elecciones.
Chávez está a punto de implementar por completo los mecanismos necesarios para controlar la voluntad popular, para lo cual no se ha concebido una estrategia efectivamente probada. Y lo peor, que sus opositores no parecen descifrar sus procedimientos, por tanto no pueden aspirar a ganarle la pelea política. La oposición está enfrascada en conquistar la cúpula política de la nación, mientras descuida ganarse la voluntad política de los venezolanos.
Aquí es donde Chávez está invirtiendo su capital político. Hay que ser un gran comunicador para vender con éxito las ideas socialistas, luego de la catástrofe de la Unión Soviética y los países de Europa del Este. Y aún más, cuando es capaz de poner como referente de éxitos a Cuba, que enfrenta un desastre económico y social reconocido por las propias autoridades cubanas y que más de 30 mil colaboradores cubanos lo han puesto en evidencia.
Lo inconcebible es que Chávez se encuentre solo, imponiendo su versión mientras la oposición sigue utilizando los métodos de oposición de una sociedad democrática, emanados de contiendas de otros tiempos. Los medios que quedan no se utilizan para captar la voluntad popular que está siendo arrastrada por Chávez, como único interlocutor.
Con la intención de poder opinar, conociendo en parte las circunstancias, me he dedicado a ver un sinnúmero de horas diarias la programación de Globovisión. En años anteriores, junto a RCTV lograron un trabajo de gran impacto político, pero se nota que actualmente la programación no tiene fuerza para enfrentar el barraje mediático de Chávez.
Al igual que los medios, los líderes de la oposición no tienen las garras ni el carisma necesario para enfrentar a los nuevos líderes del chavismo. Solo hay que ver la cantidad de jóvenes que se están empoderando como futuros cuadros, que además de elevar su motivación personal, sirven de caja de resonancia para despertar la motivación de aquellos que piensan que un futuro podrían escalar en posiciones políticas y sociales.
La ofensiva socialista en Venezuela tiene su antecedente en Cuba, cuando se decretó la llamada ofensiva revolucionaria. Las escaseces, que la oposición cree que pueden ser positivas para descalificar al gobierno, éste las capitaliza y las convierte en la justificación necesaria para las confiscaciones y predisponer a la sociedad contra el sector privado, convirtiéndolos en responsables de las circunstancias actuales.
Los regímenes totalitarios son especialistas en la manipulación de las masas, incluso para logar sus fines son capaces de aplicar medidas ejemplarizantes. Según Joseph Stalin, uno de protagonistas históricos del totalitarismo socialista, el Gran Camarada nunca se equivoca, quienes se equivocan son los cuadros intermedios, bajo ese precepto fusiló a varios dirigentes del partido y ministros en la URSS. En Cuba se ha utilizado también ese método y ahora Chávez lo pone en práctica, para demostrar su actitud firme ante la ineptitud administrativa y la corrupción.
La superioridad del líder, para lograr el culto a la personalidad es uno de los atributos que debe poner de manifiesto constantemente el “gran líder”. Con frecuencia se veía a Fidel Castro ridiculizando a sus funcionarios, preguntando datos que desconocían o no alcanzaban a responder. Chávez puso en ridículo a una pobre periodista de Globovision, que no se supo defender su profesión, ante un Chávez mucho más astuto que inteligente. En su intervención en la cooperativa “Diana” también hizo gala de sus conocimientos científicos, económicos e históricos y de un libro que nadie conocía allí, solo él.
El falso ilusionismo de gran potencia, como la potencia médica cubana, la vaca Ubre Blanca, la mayor textilera de América Latina y un sinnúmero de planes, que Fidel les vendió a Cuba y el mundo, ahora Chávez quiere repetir ese mismo mecanismo de euforia propagandística en Venezuela.
En su intervención de más de tres horas en la cooperativa “Diana” hizo alardes de convertir a Venezuela en una potencia productora de alimentos. En un discurso coloquial, para potenciar el populismo hizo proyecciones de planes de cultivos de oliva, palma cana y hasta de formar una empresa mixta con Siria y vender aceite a toda Europa. Además de montar una Radio Base en cada empresa socialista para el trabajo de propaganda política.
En ese mismo escenario resaltó los logros del central Venezuela, después de confiscado y la participación de los obreros. Y también hizo referencia a la Guayana socialista, donde se ha creado un control obrero que fiscaliza la empresa privada. Una especie de trotskysmo sobre los medios de producción, pero sin confiscarlos, para hacerles la vida imposible a sus propietarios.
El discurso preciso y ajustado a los nuevos tiempos y que despierte el interés de la población venezolana es lo que le está faltando a los líderes de la oposición venezolana. El opositor Oswaldo Álvarez Paz es uno de los que más características presidenciables presenta, pero debe cambiar el enfoque de sus discursos. Alvarez Paz tiene que empezar a proyectarse sobre un proyecto de nación, con eso descalifica más a Chávez, que en su empeño en descalifícalo como presidente.
La respuesta obligada a este artículo puede ser el cuestionamiento la la prolongada existencia de nuestro problema. Si no hemos sido capaces de resolverlo, cómo vamos a sentar cátedra y recomendaciones, pero a partir de nuestros errores es que fundamento mi reflexión.
miércoles, 2 de junio de 2010
sábado, 29 de mayo de 2010
El error que los militares colombianos no deben cometer.
Por Diosmel Rodríguez y Jadir Hernández *
MIAMI - 28 mayo - La renuncia de Freddy Padilla de León, el general con más soles en Colombia es un mal síntoma. Aunque usualmente la cúpula militar renuncia cuando hay un cambio de gobierno, en una democracia consolidada, eso no debería ser un problema. No obstante, frente a la corriente ideológica de Antanas Mockus es sumamente peligroso que las instituciones, fundamentalmente las militares, comiencen a flaquear.
Los militares de alto rango son los encargados de mantener el rol constitucional del ejército, pero muchas veces caen en el error de renunciar, consecuencias que pagan después, como le sucedió a Huber Matos en Cuba y a Raúl Isaías Baduel en Venezuela. Ejemplo de una posición correcta y honorable fue la de los militares hondureños, ante el intento de golpe constitucional de Manuel Zelaya.
Los últimos atentados en Colombia demuestran que no se puede menospreciar la política de la Seguridad Democrática. En los inicios de la campaña electoral, Juan Manuel Santos no ha mostrado suficiente dureza política ante los hechos, pero ha ido progresando en defender su propuesta de una Colombia más segura pero también más próspera. El país no puede darse el lujo planteado por Mockus de filosofar para que sus conciudadanos se conviertan en personas esmeradamente educadas y pacifistas recalcitrantes, con especial atención al medio ambiente. La cultura es indispensable para que una nación progrese, pero cuando tenemos una nación enfrentando por más de medio siglo a narco guerrillas terroristas, y a punto de destruirlas, la prioridad tiene que ser elegir a un presidente fuerte, experto en la lucha contra el terror y capaz de hacer alianzas con las demás fuerzas políticas, como planteo el candidato Santos en el debate televisado este jueves por el canal RCN.
Santos tiene y debe demostrar abiertamente una posición más enérgica, como el llamado discurso incendiario, que aunque muchos lo cuestionen, es un mecanismo probado de motivación y compulsión social. Durante la campaña hubiese sido provechoso que el gobierno desatara otra gran ofensiva contra las FARC. Incluso, en estos momentos, atacando sería la mejor manera de defenderse, elevando la moral de las Fuerzas Armadas y de la fórmula uribista.
Este domingo 30 de mayo, Juan Manuel Santos puede recibir un resultado adverso en sus aspiraciones de ser presidente de Colombia, debido a que su campana electoral pudiera calificarse de pésima por no mostrar el programa fresco, novedoso y agresivo que se esperaba del coordinador principal de “La operación Jaque”.
Confiemos que unos reñidos resultados frente a Mockus, le muestren a Santos que debe ser el mismo, sin concesiones ni aspiraciones de contentar a quienes nunca le apoyarían. La segunda vuelta debe revelar a un candidato uribista capaz de concretar fuertes alianzas políticas, demostrando la garra de un presidente fuerte. Su campaña tiene que basarse en: “Salvemos a Colombia” y que la gente lo interiorice así. No se explica, como sus asesores todavía no logran encarrilar a Santos en una campaña estratégicamente acorde a los intereses de la población votante actual.
La diversidad de regiones de Colombia coloca a los votantes en diferentes perfiles de prioridad. Esos intereses localizados deben formar parte del programa de gobierno de Juan Manuel Santos. Una propuesta de nuevos destinos a los mercados fronterizos como política de Estado y un enfrentamiento a la corrupción, en todos los estratos de la sociedad, incluyendo a las organizaciones no gubernamentales, pudieran darle un mayor impulso a su campaña.
Ya se produjo una alerta sobre la inseguridad de Álvaro Uribe en un posible gobierno con Mockus de presidente. Aunque Mockus ha declarado que Uribe no tiene responsabilidad jurídica en el caso de los falsos positivos, sí tiene responsabilidad moral. De acuerdo a la ya conocida fórmula matemática de Mockus, eso por si sólo es para tener en cuenta. No sólo Uribe, sino el propio Santos y varios militares más estarían bajo la lupa. Sería muy útil para los integrantes del eje del mal defenestrar la cúpula militar colombiana, para recomponer una fuerza armada más comprometida con la línea ideológica del mockismo, y desde allí, encarrilar al país no precisamente hacia la paz y la prosperidad, que muchos ansiamos para Colombia.
*Diosmel Rodríguez, economista; y Jadir Hernandez, abogado, son ambos analistas políticos que integran la junta de directores del Centro Global para la Democracia Proactiva. Residen en los Estados Unidos y trabajan con frecuencia en Latinoamérica como parte de iniciativas del CGDP, Abogados sin Fronteras y El Proyecto Internacional de Desarrollo Cívico Rural.
MIAMI - 28 mayo - La renuncia de Freddy Padilla de León, el general con más soles en Colombia es un mal síntoma. Aunque usualmente la cúpula militar renuncia cuando hay un cambio de gobierno, en una democracia consolidada, eso no debería ser un problema. No obstante, frente a la corriente ideológica de Antanas Mockus es sumamente peligroso que las instituciones, fundamentalmente las militares, comiencen a flaquear.
Los militares de alto rango son los encargados de mantener el rol constitucional del ejército, pero muchas veces caen en el error de renunciar, consecuencias que pagan después, como le sucedió a Huber Matos en Cuba y a Raúl Isaías Baduel en Venezuela. Ejemplo de una posición correcta y honorable fue la de los militares hondureños, ante el intento de golpe constitucional de Manuel Zelaya.
Los últimos atentados en Colombia demuestran que no se puede menospreciar la política de la Seguridad Democrática. En los inicios de la campaña electoral, Juan Manuel Santos no ha mostrado suficiente dureza política ante los hechos, pero ha ido progresando en defender su propuesta de una Colombia más segura pero también más próspera. El país no puede darse el lujo planteado por Mockus de filosofar para que sus conciudadanos se conviertan en personas esmeradamente educadas y pacifistas recalcitrantes, con especial atención al medio ambiente. La cultura es indispensable para que una nación progrese, pero cuando tenemos una nación enfrentando por más de medio siglo a narco guerrillas terroristas, y a punto de destruirlas, la prioridad tiene que ser elegir a un presidente fuerte, experto en la lucha contra el terror y capaz de hacer alianzas con las demás fuerzas políticas, como planteo el candidato Santos en el debate televisado este jueves por el canal RCN.
Santos tiene y debe demostrar abiertamente una posición más enérgica, como el llamado discurso incendiario, que aunque muchos lo cuestionen, es un mecanismo probado de motivación y compulsión social. Durante la campaña hubiese sido provechoso que el gobierno desatara otra gran ofensiva contra las FARC. Incluso, en estos momentos, atacando sería la mejor manera de defenderse, elevando la moral de las Fuerzas Armadas y de la fórmula uribista.
Este domingo 30 de mayo, Juan Manuel Santos puede recibir un resultado adverso en sus aspiraciones de ser presidente de Colombia, debido a que su campana electoral pudiera calificarse de pésima por no mostrar el programa fresco, novedoso y agresivo que se esperaba del coordinador principal de “La operación Jaque”.
Confiemos que unos reñidos resultados frente a Mockus, le muestren a Santos que debe ser el mismo, sin concesiones ni aspiraciones de contentar a quienes nunca le apoyarían. La segunda vuelta debe revelar a un candidato uribista capaz de concretar fuertes alianzas políticas, demostrando la garra de un presidente fuerte. Su campaña tiene que basarse en: “Salvemos a Colombia” y que la gente lo interiorice así. No se explica, como sus asesores todavía no logran encarrilar a Santos en una campaña estratégicamente acorde a los intereses de la población votante actual.
La diversidad de regiones de Colombia coloca a los votantes en diferentes perfiles de prioridad. Esos intereses localizados deben formar parte del programa de gobierno de Juan Manuel Santos. Una propuesta de nuevos destinos a los mercados fronterizos como política de Estado y un enfrentamiento a la corrupción, en todos los estratos de la sociedad, incluyendo a las organizaciones no gubernamentales, pudieran darle un mayor impulso a su campaña.
Ya se produjo una alerta sobre la inseguridad de Álvaro Uribe en un posible gobierno con Mockus de presidente. Aunque Mockus ha declarado que Uribe no tiene responsabilidad jurídica en el caso de los falsos positivos, sí tiene responsabilidad moral. De acuerdo a la ya conocida fórmula matemática de Mockus, eso por si sólo es para tener en cuenta. No sólo Uribe, sino el propio Santos y varios militares más estarían bajo la lupa. Sería muy útil para los integrantes del eje del mal defenestrar la cúpula militar colombiana, para recomponer una fuerza armada más comprometida con la línea ideológica del mockismo, y desde allí, encarrilar al país no precisamente hacia la paz y la prosperidad, que muchos ansiamos para Colombia.
*Diosmel Rodríguez, economista; y Jadir Hernandez, abogado, son ambos analistas políticos que integran la junta de directores del Centro Global para la Democracia Proactiva. Residen en los Estados Unidos y trabajan con frecuencia en Latinoamérica como parte de iniciativas del CGDP, Abogados sin Fronteras y El Proyecto Internacional de Desarrollo Cívico Rural.
domingo, 16 de mayo de 2010
Conociendo a un héroe de la Patria
Por Diosmel Rodríguez
rdiosmel@gmail.com
Miami, 16 de mayo 2010
.................. Linconl en la conclusión del acto
.......Adolfo Rivero Caro, Lincoln Díaz-Balart y Diosmel Rodríguez
Este 15 de mayo pudo haber sido un sábado más, acumulando tiempo en mi vida. Tenía una invitación para asistir a un acto de recordación de Rafael Díaz-Balar en la Facultad de Leyes de la Universidad Internacional de la Florida, esa cita hizo un día diferente en mi vida, estaba conociendo a un héroe de la Patria.
Aunque Adolfo Rivero Caro y yo habíamos convenido asistir, por esa obstinada obsesión de buscar en cada foro, alimento para nuestra ansiada libertad, no teníamos plena conciencia de una triste realidad: no conocíamos en toda su dimensión a un verdadero héroe de la Patria. De esos héroes, que más que héroes, han sido mártires vivientes.
Rafael Díaz-Balart era de esos hombres, como bien definiera Rivero Caro, con un pensamiento profético. Yo diría más, con un pensamiento fecundo. Su libro Cuba: Intrahistoria. Una lucha sin tregua tiene que integrase al pensamiento político, económico y social de la República, si en verdad aspiramos a ser libres.
Su visión de organizar la lucha, de institucionalizar nuestra causa, hoy en día sigue reclamando su visionario legado. La Rosa Blanca, como una fuerza política rectora de las energías y estrategias necesarias para una lucha a largo plazo y sin tregua, no fue por gusto la primera organización del exilio, para lograr el sagrado propósito de la libertad.
La inercia de la vida y del exilio a veces no nos permite reconocer a los verdaderos héroes. La historia muchas veces lo premia a destiempo y tal vez eso es lo que los hace verdaderos héroes. Muchas veces el sacrificio del martirologio los acompaña en un cómplice anonimato, que la solidaridad humana o la unidad de lucha hubiera evitado, pero tal vez hubiesen empequeñecido esa voluntad y espíritu de gigante, que algunos hombres llevan por dentro.
Rafael Díaz-Balart, como buen jardinero comprendía, que su devoción por la rosa blanca, no era razón para que no proliferaran las demás flores, y hasta un lugar le dejó a la yerba mala. Esa virtud, que es la virtud de los grandes, es la que hace patria.
Cuando perdido ando, en busca del camino de la Patria, que no sé si lo encontraré, las huellas de Rafael Diaz-Balart, me hacen por coincidencia histórica, encontrarme en el mismo lugar: con la rosa blanca en las manos, pero evitando las espinas, propias y ajenas. Ojalá por él, por mí y por Cuba, pueda depositarle en libertad al Apóstol, su ramo y una bandera. Si es que alguien me ayuda a llegar.
rdiosmel@gmail.com
Miami, 16 de mayo 2010
Este 15 de mayo pudo haber sido un sábado más, acumulando tiempo en mi vida. Tenía una invitación para asistir a un acto de recordación de Rafael Díaz-Balar en la Facultad de Leyes de la Universidad Internacional de la Florida, esa cita hizo un día diferente en mi vida, estaba conociendo a un héroe de la Patria.
Aunque Adolfo Rivero Caro y yo habíamos convenido asistir, por esa obstinada obsesión de buscar en cada foro, alimento para nuestra ansiada libertad, no teníamos plena conciencia de una triste realidad: no conocíamos en toda su dimensión a un verdadero héroe de la Patria. De esos héroes, que más que héroes, han sido mártires vivientes.
Rafael Díaz-Balart era de esos hombres, como bien definiera Rivero Caro, con un pensamiento profético. Yo diría más, con un pensamiento fecundo. Su libro Cuba: Intrahistoria. Una lucha sin tregua tiene que integrase al pensamiento político, económico y social de la República, si en verdad aspiramos a ser libres.
Su visión de organizar la lucha, de institucionalizar nuestra causa, hoy en día sigue reclamando su visionario legado. La Rosa Blanca, como una fuerza política rectora de las energías y estrategias necesarias para una lucha a largo plazo y sin tregua, no fue por gusto la primera organización del exilio, para lograr el sagrado propósito de la libertad.
La inercia de la vida y del exilio a veces no nos permite reconocer a los verdaderos héroes. La historia muchas veces lo premia a destiempo y tal vez eso es lo que los hace verdaderos héroes. Muchas veces el sacrificio del martirologio los acompaña en un cómplice anonimato, que la solidaridad humana o la unidad de lucha hubiera evitado, pero tal vez hubiesen empequeñecido esa voluntad y espíritu de gigante, que algunos hombres llevan por dentro.
Rafael Díaz-Balart, como buen jardinero comprendía, que su devoción por la rosa blanca, no era razón para que no proliferaran las demás flores, y hasta un lugar le dejó a la yerba mala. Esa virtud, que es la virtud de los grandes, es la que hace patria.
Cuando perdido ando, en busca del camino de la Patria, que no sé si lo encontraré, las huellas de Rafael Diaz-Balart, me hacen por coincidencia histórica, encontrarme en el mismo lugar: con la rosa blanca en las manos, pero evitando las espinas, propias y ajenas. Ojalá por él, por mí y por Cuba, pueda depositarle en libertad al Apóstol, su ramo y una bandera. Si es que alguien me ayuda a llegar.
viernes, 14 de mayo de 2010
Colombia: Mockus presidente, Uribe a prisión.
Diosmel Rodríguez y Jadir Hernández
Miami 7-13 mayo, 2010
Esta ecuación pudiera parecer risible, pero en política no hay nada más cerca de la realidad que lo inverosímil. Los antecedentes de imputación judicial contra Alvaro Uribe, la predisposición de la Corte Suprema contra él y las declaraciones de Antanas Mockus, de una posible extradición hacia Ecuador - si el marco legal lo permitiera - la justifican. No más observen estas citas de Eduardo Mackenzie y saquen sus propias conclusiones: “En marzo de 2010, el Partido Verde Europeo se reunió en Barcelona y votó una resolución sobre Colombia. Citando como fuente de sus informaciones, la organización Justicia y Paz del cura Javier Giraldo, culpan allí a Álvaro Uribe y a las fuerzas del gobierno, de toda suerte de crímenes”.
Si Antanas Mockus llega al poder, Uribe debe ponerse a salvo inmediatamente, no sé si Estados Unidos ahora sería un buen destino, pero Chile o Panamá se pudieran explorar. Cuando no esté en poder, le endilgaran los falsos positivos, relaciones con las paramilitares, espionaje del DAS y no se sabe cuántas cosas más.
La popularidad del actual mandatario sería el mejor argumento para combatir la hipótesis de la encarcelación de Uribe. Sin embargo, ese mismo error lo cometió Alberto Fujimori, que pensó que con su llegada al Perú, las masas se desbordarían en su apoyo y algo parecido le ocurrió a Manuel Zelaya, que esperaba primero, miles de personas a su llegada a la frontera con Nicaragua y luego en la capital, cuando se alojó en la embajada de Brasil. En ambas circunstancias, tanto a Fujimori como a Zelaya el apoyo popular masivo falló.
Las posibilidades de que Antanas Mockus se convierta en el próximo presidente de Colombia son altísimas. La tendencia de crecimiento sostenible y permanente del candidato del Partido Verde así lo pone en esa perspectiva. Un candidato que hasta hace poco no tenía ni siquiera un partido, demuestra que detrás de su candidatura hay fuertes intereses de grupos y una estrategia bien definida. Se necesita una gran maquinaria propagandística y recursos para imponerse en una campaña mediática en tan poco tiempo. Algo que solo la experiencia y los recursos de la izquierda internacional lo pueden lograr.
Según reseña Eduardo Mackenzie, “los Verdes son el resultado de la crisis de la extrema izquierda. En Francia aparecen en 1984. Al comienzo, no querían ser ni de izquierda ni de derecha”. No sería muy difícil imaginar, que detrás de este complejo entramado político esté jugando un papel muy importante, Ingrid Betancourt.
La alerta debe tomarse en serio, cuando las posibilidades de que Antanas Mockus llegue a la presidencia cada día son más evidentes. Mockus ha sabido jugar el ajedrez político: nombró como compañero de fórmula para la vicepresidencia a Sergio Fajardo Valderrama, ex alcalde de Medellín, una opción descontaminada y descontaminante en el ámbito político, algo que la población, principalmente académicos, intelectuales y gran parte de la juventud lo ve como refrescante, en un ámbito político tan caldeado por años.
La estrategia de Mockus contempla un distanciamiento con el Polo Democrático y Chávez, así como un recrudecimiento contra las FARC. Algo que le puede ser muy provechoso ahora, pero teniendo en cuenta su carácter indeciso, puede cambiar de criterio en un instante, luego de ser envestido como presidente de Colombia.
No es extraño que a la candidatura de Juan Manuel Santos la esté afectando tanto la tensión con Venezuela, algo que Hugo Chávez se ha encargado de exacerbar en los últimos días. El comercio en la frontera con Venezuela, algo que ha existido por años y que es la vida misma de miles de personas, muchos piensan que en un clima de distensión se podría restablecer. No por gusto el dinero chavista ha estado operando abiertamente y en puntos sensibles en toda esta zona fronteriza.
Santos no ha demostrado ser un buen comunicador y su campaña no ha expuesto un programa de gobierno nuevo y motivador. Se empeña en poner todo su énfasis en el programa de Uribe de la seguridad democrática. Algo que pudiera parecer muy positivo, pero los pueblos no se llevan por los resultados y logros alcanzados, sino por los problemas que aún piensan padecer. En este aspecto Santos tiene que proyectarse a los problemas sociales más candentes, como es el caso de los desplazados, la tenencia de tierras y un acuerdo humanitario que estaría avalado por la fortaleza indiscutible de un presidente con experiencia, que ha dirigido con éxito los tres gabinetes más importantes del ejecutivo.
Por otra parte sería bueno que Santos contraataque presentando una política educacional más pragmática y efectiva a corto plazo que defina soluciones para instituciones de tanto peso como el SENA y las universidades públicas. También es fundamental que el poder ejecutivo estimule el trabajo de las alcaldías en la inversión social, pero que al unísono implemente un programa más ambicioso a nivel nacional, y cree un coordinado regulador fiscal que frene la corrupción endémica en ciudades como Manizales y otras ciudades que han sido esgrimidas como ejemplo de la mala administración actual, y con toda razón por la campaña de Mockus.
Lógicamente, el ex ministro de defensa debería presentar un programa más agresivo y realista para culminar el conflicto armado durante su gestión como presidente, lo cual permitirá dedicar los grandes recursos de la guerra al desarrollo económico y social. Las siete bases militares con presencia norteamericana pueden ser mostradas como una solución para controlar definitivamente los problemas con las narco guerrillas y cualquier grupo insurgente que provenga del exterior. En ese sentido es apremiante resaltar el nacionalismo del colombiano promedio y su aversión a Hugo Chávez, para desde ya desafiar al dictador venezolano, mostrando a los colombianos que desde Caracas y La Habana tratan de determinar la política colombiana.
Juan Manuel Santos todavía pudiera revertir la situación actual, si su campaña se enfoca en poner en perspectiva lo que pudiera pasar en Colombia si se enrumba en los caminos tomados por Cuba y Venezuela. En Internet hay suficiente material fílmico para avalar e implementar esta iniciativa. Incluso, bien valdría la pena tomar pequeños testimonios directamente de la isla y ponerlos como anuncios políticos. Además el poder económico debe reforzar la campaña de Santos, si no quieren terminar en el exilio, porque a pesar de su holgada posición económica, la patria le va hacer falta, si no que les pregunten a los cubanos y venezolanos.
La campaña negativa contra Mockus no ha tenido un impacto significativo, según las últimas encuestas. Mientras las mismas encuestas muestran que en una segunda vuelta, también Antanas Mockus ganaría la contienda. Si a eso le añadimos las posibles alianzas, tampoco Santos saldría favorecido, pues Noemí Sanín, la candidata del Partido Conservador y una de los dos aspirantes presidenciales del uribismo, aunque no forme alianza, sus ataques han sido tan fuertes que ha descalificado a su similar del Partido de La U, Juan Manuel Santos.
Un análisis serio de la coyuntura política de Colombia, no solo pone en capilla ardiente a Alvaro Uribe, sino a todo el empresariado colombiano y la democracia del área y de los que aspiran a ella. Todos se verían en extremo peligro. Antanas tienen su línea ideológica y tiene la misión de ser un presidente de tránsito, para allanar el camino del Socialismo del Siglo XXI en Colombia.
Diosmel Rodríguez
rdiosmel@gmail.com
Jadir Hernández
jadir911@hotmail.com
Miami 7-13 mayo, 2010
Esta ecuación pudiera parecer risible, pero en política no hay nada más cerca de la realidad que lo inverosímil. Los antecedentes de imputación judicial contra Alvaro Uribe, la predisposición de la Corte Suprema contra él y las declaraciones de Antanas Mockus, de una posible extradición hacia Ecuador - si el marco legal lo permitiera - la justifican. No más observen estas citas de Eduardo Mackenzie y saquen sus propias conclusiones: “En marzo de 2010, el Partido Verde Europeo se reunió en Barcelona y votó una resolución sobre Colombia. Citando como fuente de sus informaciones, la organización Justicia y Paz del cura Javier Giraldo, culpan allí a Álvaro Uribe y a las fuerzas del gobierno, de toda suerte de crímenes”.
Si Antanas Mockus llega al poder, Uribe debe ponerse a salvo inmediatamente, no sé si Estados Unidos ahora sería un buen destino, pero Chile o Panamá se pudieran explorar. Cuando no esté en poder, le endilgaran los falsos positivos, relaciones con las paramilitares, espionaje del DAS y no se sabe cuántas cosas más.
La popularidad del actual mandatario sería el mejor argumento para combatir la hipótesis de la encarcelación de Uribe. Sin embargo, ese mismo error lo cometió Alberto Fujimori, que pensó que con su llegada al Perú, las masas se desbordarían en su apoyo y algo parecido le ocurrió a Manuel Zelaya, que esperaba primero, miles de personas a su llegada a la frontera con Nicaragua y luego en la capital, cuando se alojó en la embajada de Brasil. En ambas circunstancias, tanto a Fujimori como a Zelaya el apoyo popular masivo falló.
Las posibilidades de que Antanas Mockus se convierta en el próximo presidente de Colombia son altísimas. La tendencia de crecimiento sostenible y permanente del candidato del Partido Verde así lo pone en esa perspectiva. Un candidato que hasta hace poco no tenía ni siquiera un partido, demuestra que detrás de su candidatura hay fuertes intereses de grupos y una estrategia bien definida. Se necesita una gran maquinaria propagandística y recursos para imponerse en una campaña mediática en tan poco tiempo. Algo que solo la experiencia y los recursos de la izquierda internacional lo pueden lograr.
Según reseña Eduardo Mackenzie, “los Verdes son el resultado de la crisis de la extrema izquierda. En Francia aparecen en 1984. Al comienzo, no querían ser ni de izquierda ni de derecha”. No sería muy difícil imaginar, que detrás de este complejo entramado político esté jugando un papel muy importante, Ingrid Betancourt.
La alerta debe tomarse en serio, cuando las posibilidades de que Antanas Mockus llegue a la presidencia cada día son más evidentes. Mockus ha sabido jugar el ajedrez político: nombró como compañero de fórmula para la vicepresidencia a Sergio Fajardo Valderrama, ex alcalde de Medellín, una opción descontaminada y descontaminante en el ámbito político, algo que la población, principalmente académicos, intelectuales y gran parte de la juventud lo ve como refrescante, en un ámbito político tan caldeado por años.
La estrategia de Mockus contempla un distanciamiento con el Polo Democrático y Chávez, así como un recrudecimiento contra las FARC. Algo que le puede ser muy provechoso ahora, pero teniendo en cuenta su carácter indeciso, puede cambiar de criterio en un instante, luego de ser envestido como presidente de Colombia.
No es extraño que a la candidatura de Juan Manuel Santos la esté afectando tanto la tensión con Venezuela, algo que Hugo Chávez se ha encargado de exacerbar en los últimos días. El comercio en la frontera con Venezuela, algo que ha existido por años y que es la vida misma de miles de personas, muchos piensan que en un clima de distensión se podría restablecer. No por gusto el dinero chavista ha estado operando abiertamente y en puntos sensibles en toda esta zona fronteriza.
Santos no ha demostrado ser un buen comunicador y su campaña no ha expuesto un programa de gobierno nuevo y motivador. Se empeña en poner todo su énfasis en el programa de Uribe de la seguridad democrática. Algo que pudiera parecer muy positivo, pero los pueblos no se llevan por los resultados y logros alcanzados, sino por los problemas que aún piensan padecer. En este aspecto Santos tiene que proyectarse a los problemas sociales más candentes, como es el caso de los desplazados, la tenencia de tierras y un acuerdo humanitario que estaría avalado por la fortaleza indiscutible de un presidente con experiencia, que ha dirigido con éxito los tres gabinetes más importantes del ejecutivo.
Por otra parte sería bueno que Santos contraataque presentando una política educacional más pragmática y efectiva a corto plazo que defina soluciones para instituciones de tanto peso como el SENA y las universidades públicas. También es fundamental que el poder ejecutivo estimule el trabajo de las alcaldías en la inversión social, pero que al unísono implemente un programa más ambicioso a nivel nacional, y cree un coordinado regulador fiscal que frene la corrupción endémica en ciudades como Manizales y otras ciudades que han sido esgrimidas como ejemplo de la mala administración actual, y con toda razón por la campaña de Mockus.
Lógicamente, el ex ministro de defensa debería presentar un programa más agresivo y realista para culminar el conflicto armado durante su gestión como presidente, lo cual permitirá dedicar los grandes recursos de la guerra al desarrollo económico y social. Las siete bases militares con presencia norteamericana pueden ser mostradas como una solución para controlar definitivamente los problemas con las narco guerrillas y cualquier grupo insurgente que provenga del exterior. En ese sentido es apremiante resaltar el nacionalismo del colombiano promedio y su aversión a Hugo Chávez, para desde ya desafiar al dictador venezolano, mostrando a los colombianos que desde Caracas y La Habana tratan de determinar la política colombiana.
Juan Manuel Santos todavía pudiera revertir la situación actual, si su campaña se enfoca en poner en perspectiva lo que pudiera pasar en Colombia si se enrumba en los caminos tomados por Cuba y Venezuela. En Internet hay suficiente material fílmico para avalar e implementar esta iniciativa. Incluso, bien valdría la pena tomar pequeños testimonios directamente de la isla y ponerlos como anuncios políticos. Además el poder económico debe reforzar la campaña de Santos, si no quieren terminar en el exilio, porque a pesar de su holgada posición económica, la patria le va hacer falta, si no que les pregunten a los cubanos y venezolanos.
La campaña negativa contra Mockus no ha tenido un impacto significativo, según las últimas encuestas. Mientras las mismas encuestas muestran que en una segunda vuelta, también Antanas Mockus ganaría la contienda. Si a eso le añadimos las posibles alianzas, tampoco Santos saldría favorecido, pues Noemí Sanín, la candidata del Partido Conservador y una de los dos aspirantes presidenciales del uribismo, aunque no forme alianza, sus ataques han sido tan fuertes que ha descalificado a su similar del Partido de La U, Juan Manuel Santos.
Un análisis serio de la coyuntura política de Colombia, no solo pone en capilla ardiente a Alvaro Uribe, sino a todo el empresariado colombiano y la democracia del área y de los que aspiran a ella. Todos se verían en extremo peligro. Antanas tienen su línea ideológica y tiene la misión de ser un presidente de tránsito, para allanar el camino del Socialismo del Siglo XXI en Colombia.
Diosmel Rodríguez
rdiosmel@gmail.com
Jadir Hernández
jadir911@hotmail.com
jueves, 11 de marzo de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
Yo si te comprendo Orlando Zapata Tamayo.
rdiosmel@gmail.com
Yo si te comprendo, Orlando Zapata Tamayo. Sé que eres de esos hombres con espíritu rebelde, que prefieren separar su cuerpo de su alma, con tal de verla marchar libre. Yo también, en varias ocasiones lo intenté y sufrí la incomprensión de los hombres con espíritu de rebaño. Unos por complicidad con los opresores y otros por falta de valor para asumir el riesgo, que tú corriste. Solo los que tienen voluntad de mártir pueden aspirar a la gloria de los héroes. Y tú, alcanzaste esos dos máximos estadios de la especie humana.
Muchos pueden sensibilizarse con los sufrimientos que pasaste, durante ese calvario, que es una huelga de hambre. Solo los que vivimos momentos iguales, podemos tener plena conciencia de lo que realmente se siente día a día durante ese tortuoso proceso. De cómo se quebranta, con el sacrificio en nombre de la Patria, la aparente paz familiar, pero ahí comienza el deber de un hombre honrado.
Un día, al concluir una tediosa huelga de hambre, en las celdas tapiadas del Centro de Operaciones de la Seguridad del Estado, en Santiago de Cuba, mis compañeros me manifestaron su preocupación, por mis condiciones físicas, a lo que respondí: “De mi aparente debilidad saco fuerzas, me refugio en ella para protegerme y desde abajo, golpear arriba, donde más duele, en la conciencia”. Hoy Zapata, no te faltaron las fuerzas. Hoy y por siempre estarás allí, golpeando en la conciencia de los que trataron de robarte la libertad. Hoy ya eres un hombre libre, aunque tuviste que separar tu cuerpo de tu alma, para que se pudiera marchar libre.
Una muestra de la grandeza que has alcanzado con tu muerte, es la debilidad que se refleja en tus adversarios, los enemigos de la libertad. Tu cadáver le ha infligido tanto miedo, que han movilizado todo un ejército para impedir el tributo que tú mereces. Sin embargo, ya hoy eres un hombre libre, que puedes estar presente en cada uno de tus seguidores, que aunque en silencio, son todo un pueblo.
Se que te marchas con una sonrisa en tus labios, como muestra de tu triunfo y que no te llevas el odio, que tus verdugos hubiesen querido. Con la muerte vence el último dolor de la vida y te liberas del encierro al que estabas sometido. Hoy puedes entrar en la vida y obra de cada cubano, sin tener que pedirle permiso a nadie.
Muchos piensan que es un esfuerzo inútil el que realizaste, pero me reconfortan tus palabras cuando dices: “Morir por la democracia y la libertad es vivir por ellas”. La Patria a veces necesita como abono, la sangre de algunos sus mejores hijos, para que los otros crezcan en libertad y se fertilice la libertad misma de la Patria.
Orlando, donde quiera que estés, puedes sentirte privilegiado y orgulloso de tu abnegada madre, Reina Luisa Tamayo Danger. Esa nueva Mariana Grajales que ha tomado tu bandera y ha pedido a todos tus hermanos de sangre y de lucha, que se “empinen” porque la lucha continúa.
La lucha por nuestra libertad en esta etapa ha tenido muchos momentos cruciales, pero puedes estar seguro, que con tu muerte nace una nueva luz de esperanza. La historia de nuestra Patria tendrá un antes y un después de tu muerte, Orlando Zapata Tamayo. A partir de tu ejemplo de valentía y entrega, se crea un precedente para nuestra actual generación de luchadores políticos.
Hoy tú empiezas a formar parte de esa mística nacional que es el 24 de febrero, con el Grito de Baire, el derribo de las avionetas de “Hermanos al recate” y hoy, lo que bien pudiéramos llamar: “El Grito de Zapata”. En mi caso, se suma la liberación física de la cárcel, en 1996 y luego, en 1997 fui nuevamente liberado de una detención prolongada en las mazmorras de la Seguridad del Estado.
Ningún esfuerzo o sacrificio es suficiente por la libertad, mientras no se consiga la libertad verdadera, la que lleva implícita la libertad de la Patria. Unos como tú, que dieron todo lo que tenían y más la vida misma, establecen un hito de compromiso para los que estamos obligados a seguir tu ejemplo, si realmente queremos ser hombres libres.
Tu madre ha hecho un llamado, que debe ser una clarinada, un acicate para que todos redoblemos nuestros esfuerzos en ara de la libertad que la Patria necesita. Tu muerte no será en vano, si los que te seguimos, no dejamos escapar nuestras vidas inútilmente, en circunstancias banales. Eso puede suceder, pero no podremos aspirar a ser como tú, un hijo ejemplar de la Patria. Ya tú estás en el lugar de todos los grandes de nuestra historia Patria.
Termino este artículo con lágrimas en los ojos, quebrada la garganta y el corazón comprimido, escuchando las palabras Ana Belkis Ferrer García y de tu madre Reina Luisa Tamayo Danger, desde allí desde tu última morada, el cementerio de Banes, en esa indómita región oriental, tierra de Titanes como tú, Orlando Zapato Tamayo.
martes, 16 de febrero de 2010
El totalitarismo no es cosa de juego
Por: Diosmel Rodríguez Miami, Febrero, 2010
rdiosmel@gmail.com
¡Mientras haya en América una nación esclava,
la libertad de todas las demás corre peligro!
...................................José Martí
La última movilización oficialista convocada por Hugo Chávez en Venezuela, el pasado viernes 12 de febrero y su discurso incendiario, demuestran que el totalitarismo no es cosa de juego. No se puede subestimar su capacidad de manipulación y sus tétricos mecanismos de compulsión social.
Y lo peor del caso, no se vislumbra una estrategia real y efectiva que pueda contrarrestar este nefasto engendro político. A hechos iguales reacciones iguales, pereciera ser la máxima de este fenómeno político-social. El proceso venezolano se desarrolla con tan igual similitud al cubano, que pareciera justificar esta aseveración.
Sin embargo, de los fracasos, errores, desaciertos o experiencias, del fenómeno cubano se pudiera sacar el antídoto para esta triste realidad. Cuando los pueblos caen en esos devaneos políticos, que los aleja del cauce lógico y natural de un país, sucede frecuentemente, que necesitan de un escarmiento para comprender, cuánto vale y se necesita la libertad.
Nuestros pueblos deben hacer un recuento histórico del pensamiento latinoamericano y buscar referente en aquellos hombres de mentes anchas, como José Martí, que nos alertaron de nuestros posibles males futuros y que también nos recetaron remedios, que hoy urgentemente necesitamos.
El fenómeno político venezolano y sus ramificaciones son más complejos, de los que muchos se imaginan. El desmonte de un sistema totalitario, con las herramientas de la democracia, tiene que ser una obra titánica, inteligente y estratégicamente bien conceptualizada. Tiene que partir de un análisis psicosocial del comportamiento de las masas y del papel y procedimiento de sus líderes. No puede ser un proceso empírico de reacción, sino de acciones proactivas, que vinculen a las masas con sus propios intereses, donde la insatisfacción social sea su principal componente.
Las denuncias son una fase importante de la lucha cívica no violenta, siempre que convoquen a la acción contra el poder que las provoca. Las denuncias pueden ser efectivas, siempre que no se caiga en el papel de víctimas, porque las víctimas inspiran lástima, pero respeto.
En un pueblo que su sistema de opresión se fundamenta en la cultura del miedo, incurrir en los actos que se le temen o resaltarlos es confirmar su miedo. Hay que evitar que la población se apodere del síndrome de la indefensión adquirida. Se debe movilizar su voluntad y su grandeza, para que ese pueblo, sin demora, salga a buscar por todos los medios su libertad.
La radicalización del proceso venezolano, que se aleja del Programa del Socialismo del Siglo XXI, pudiera pensarse que precipitaría la caída del Gobierno de Hugo Chávez, pero otros procesos históricos, como el de Corea del Norte, no nos permiten ser tan optimistas. La radicalización puede poner en juego otros elementos del control totalitario, como las confiscaciones, que aunque se contraponen a la libertad empresarial y de propiedad, reciben cierta aprobación popular: porque bajan los precios de los productos en los mercados expropiados y por el egoísmo natural de los seres humanos. Otro punto a favor de la radicalización - que los adversarios -, unos se pliegan por las migajas que brinda el poder y otros huyen: “enemigo que huye, puente de plata”.
La salida del país es un recurso válido, pero estratégicamente no se justifica. Si los más capacitados y de más recursos económicos abandonan el país, dejan a las masas acéfalas e indefensas. Disfrutar de la libertad ajena es cómodo y menos riesgoso, pero no se es realmente libre. Mientras menos agonía haya para vivir en tierras extranjeras, menor será el esfuerzo para conquistar la suya propia.
Si la política es el arte de gobernar y la democracia es la regla de la gobernabilidad, todos los hombres de bien tienen responsabilidad para que se cumpla la voluntad democrática. No se puede aspirar a la democracia, si se comienza por desconocer sus principales herramientas, las elecciones. Hay que luchar por ellas y defenderlas, la razón les asiste y son compatibles con los preceptos universales de la democracia. Desconocerlas es aliarse a los intereses totalitarios, que las anulan o manipulan para perpetuarse en el poder.
Los venezolanos deben luchar a brazos partidos, para salvar lo que le queda de democracia, los mecanismos de cambio: elecciones presidenciales, parlamentarias y los revocatorios, algo que les permite mantenerse dentro del juego democrático. Por tanto, presionar y buscar la forma inteligente de con ellos, controlar o regular el poder es una responsabilidad de las fuerzas opositoras. Hay que evitar a toda costa, que la oposición pierda la capacidad de formar gobierno, como ha pasado en Cuba.
La lucha de hoy no es menos meritoria y arriesgada, que la libraron nuestros héroes y mártires, actitudes que hoy gusta mucho rememorar, pero que son muy difíciles de imitar. Sin sus riesgos y entrega, muy pocos resultados podremos lograr, frente a enemigos de igual calaña, pero con recursos abundantes y métodos más sofisticados.
Los pobres, siempre terminan siendo las víctimas necesarias de aquellos que fingiendo sus más frenéticos defensores, los utilizan para tener en quienes alzarse. Los pobres son mayorías, por eso para la política son tan importantes, quien capitaliza sus necesidades, controla el poder.
Si no se logra revertir esa situación, donde los pobres vean más peligro en las promesas incumplidas, que en su capacidad para salir de la pobreza, siempre serán rehenes de los buitres del poder. Bienaventurados los que pueden dar parte de lo que le sobra, para conseguir la libertad de su pueblo. No solo por patriotismo, sino para garantizar con la libertad, no perder lo que se tiene.
Sin embargo, los pobres no son culpables, si en busca de su salvación, por ignorancia o necesidad venden sus almas al diablo. Culpables son los que con pleno conocimiento, se convierten en talentos serviles. No hay justificación moral para aquellos, que en busca de ancha y rica avena, se pliegan a los tiranos.
Los intelectuales, académicos y profesionales tienen el deber de poner en función del bienestar nacional sus conocimientos y con ellos, discernir el bien del mal. Algo que no es tan difícil, si se quiere rendir culto al conocimiento humano.
Los procesos históricos tienen que llevarse a cabo bajo un riguroso cuidado, de estudio y planificación. En un programa que involucre a todos los intereses de la sociedad. Ese programa debe ser defendido por un discurso coherente y convincente, que trace directrices evidentes, para que el pueblo sepa detrás de qué va, a dónde va y qué le depara el futuro. Un discurso que se disemine como el evangelio de la verdad, con interlocutores que lleguen a las masas como pastores, con un proselitismo político honesto y esclarecedor. No basta con la justeza o nobleza de una causa, se necesita un plan para defenderla.
Las opiniones cuando no proponen, no fundan, se convierten en tiempo y espacios inútiles. La descalificación de la estrategia ajena refuerza las posiciones del contrario. Los mediocres, nunca tienden a preocuparse por sus propias estrategias, son unos abusadores del derecho a la libre expresión.
Los pueblos necesitan de un discurso fresco y esperanzador, que rompa con el pasado como referente y con mitos ideológicos, como el cubano.
Si se logra involucrar a una parte sustancial de la población, en una lucha tenaz por su reivindicación social, la represión se satura. No hay tirano que aguante un pueblo en pie. Los tiranos triunfan cuando los pueblos son indiferentes.
No se puede aspirar que los violentos comprendan los principios de la lucha política civilizada. Se necesita además de la inteligencia, fuerzas para enfrentarlos, contenerlos y neutralizarlos. Las turbas deben sentir que no gozan de toda impunidad, que pueden haber consecuencias. No se puede como filosofía de lucha, mostrarse ante el adversario con una inocencia tal, que peque de ingenua.
De igual modo, los países no pueden ver con indiferencia el fenómeno del desarrollo nuclear en Venezuela. Si Irán culmina exitosamente la fabricación de una bomba atómica convencional, podría servir de una especie de protectorado para el programa venezolano. La correlación de fuerzas en el mundo de hoy, encabezada por EEUU, le favorecería y no estoy tan seguro que el Gobierno americano tome una drástica medida. Aquí la contraparte cubana puede jugar un papel significativo, Venezuela tiene el uranio necesario y Cuba el personal calificado, los demás componentes son cosas de tiempo. En los regímenes totalitarios ninguna actitud por descabellada que parezca, puede considerarse exagerada.
Todo esto nos deja con un miedo tremendo, que debe tener todo hombre honrado, salir de la vida, sin gozar de una libertad plena. Y peor aún, no haber hecho lo suficiente para dejar libres a los demás.
rdiosmel@gmail.com
¡Mientras haya en América una nación esclava,
la libertad de todas las demás corre peligro!
...................................José Martí
La última movilización oficialista convocada por Hugo Chávez en Venezuela, el pasado viernes 12 de febrero y su discurso incendiario, demuestran que el totalitarismo no es cosa de juego. No se puede subestimar su capacidad de manipulación y sus tétricos mecanismos de compulsión social.
Y lo peor del caso, no se vislumbra una estrategia real y efectiva que pueda contrarrestar este nefasto engendro político. A hechos iguales reacciones iguales, pereciera ser la máxima de este fenómeno político-social. El proceso venezolano se desarrolla con tan igual similitud al cubano, que pareciera justificar esta aseveración.
Sin embargo, de los fracasos, errores, desaciertos o experiencias, del fenómeno cubano se pudiera sacar el antídoto para esta triste realidad. Cuando los pueblos caen en esos devaneos políticos, que los aleja del cauce lógico y natural de un país, sucede frecuentemente, que necesitan de un escarmiento para comprender, cuánto vale y se necesita la libertad.
Nuestros pueblos deben hacer un recuento histórico del pensamiento latinoamericano y buscar referente en aquellos hombres de mentes anchas, como José Martí, que nos alertaron de nuestros posibles males futuros y que también nos recetaron remedios, que hoy urgentemente necesitamos.
El fenómeno político venezolano y sus ramificaciones son más complejos, de los que muchos se imaginan. El desmonte de un sistema totalitario, con las herramientas de la democracia, tiene que ser una obra titánica, inteligente y estratégicamente bien conceptualizada. Tiene que partir de un análisis psicosocial del comportamiento de las masas y del papel y procedimiento de sus líderes. No puede ser un proceso empírico de reacción, sino de acciones proactivas, que vinculen a las masas con sus propios intereses, donde la insatisfacción social sea su principal componente.
Las denuncias son una fase importante de la lucha cívica no violenta, siempre que convoquen a la acción contra el poder que las provoca. Las denuncias pueden ser efectivas, siempre que no se caiga en el papel de víctimas, porque las víctimas inspiran lástima, pero respeto.
En un pueblo que su sistema de opresión se fundamenta en la cultura del miedo, incurrir en los actos que se le temen o resaltarlos es confirmar su miedo. Hay que evitar que la población se apodere del síndrome de la indefensión adquirida. Se debe movilizar su voluntad y su grandeza, para que ese pueblo, sin demora, salga a buscar por todos los medios su libertad.
La radicalización del proceso venezolano, que se aleja del Programa del Socialismo del Siglo XXI, pudiera pensarse que precipitaría la caída del Gobierno de Hugo Chávez, pero otros procesos históricos, como el de Corea del Norte, no nos permiten ser tan optimistas. La radicalización puede poner en juego otros elementos del control totalitario, como las confiscaciones, que aunque se contraponen a la libertad empresarial y de propiedad, reciben cierta aprobación popular: porque bajan los precios de los productos en los mercados expropiados y por el egoísmo natural de los seres humanos. Otro punto a favor de la radicalización - que los adversarios -, unos se pliegan por las migajas que brinda el poder y otros huyen: “enemigo que huye, puente de plata”.
La salida del país es un recurso válido, pero estratégicamente no se justifica. Si los más capacitados y de más recursos económicos abandonan el país, dejan a las masas acéfalas e indefensas. Disfrutar de la libertad ajena es cómodo y menos riesgoso, pero no se es realmente libre. Mientras menos agonía haya para vivir en tierras extranjeras, menor será el esfuerzo para conquistar la suya propia.
Si la política es el arte de gobernar y la democracia es la regla de la gobernabilidad, todos los hombres de bien tienen responsabilidad para que se cumpla la voluntad democrática. No se puede aspirar a la democracia, si se comienza por desconocer sus principales herramientas, las elecciones. Hay que luchar por ellas y defenderlas, la razón les asiste y son compatibles con los preceptos universales de la democracia. Desconocerlas es aliarse a los intereses totalitarios, que las anulan o manipulan para perpetuarse en el poder.
Los venezolanos deben luchar a brazos partidos, para salvar lo que le queda de democracia, los mecanismos de cambio: elecciones presidenciales, parlamentarias y los revocatorios, algo que les permite mantenerse dentro del juego democrático. Por tanto, presionar y buscar la forma inteligente de con ellos, controlar o regular el poder es una responsabilidad de las fuerzas opositoras. Hay que evitar a toda costa, que la oposición pierda la capacidad de formar gobierno, como ha pasado en Cuba.
La lucha de hoy no es menos meritoria y arriesgada, que la libraron nuestros héroes y mártires, actitudes que hoy gusta mucho rememorar, pero que son muy difíciles de imitar. Sin sus riesgos y entrega, muy pocos resultados podremos lograr, frente a enemigos de igual calaña, pero con recursos abundantes y métodos más sofisticados.
Los pobres, siempre terminan siendo las víctimas necesarias de aquellos que fingiendo sus más frenéticos defensores, los utilizan para tener en quienes alzarse. Los pobres son mayorías, por eso para la política son tan importantes, quien capitaliza sus necesidades, controla el poder.
Si no se logra revertir esa situación, donde los pobres vean más peligro en las promesas incumplidas, que en su capacidad para salir de la pobreza, siempre serán rehenes de los buitres del poder. Bienaventurados los que pueden dar parte de lo que le sobra, para conseguir la libertad de su pueblo. No solo por patriotismo, sino para garantizar con la libertad, no perder lo que se tiene.
Sin embargo, los pobres no son culpables, si en busca de su salvación, por ignorancia o necesidad venden sus almas al diablo. Culpables son los que con pleno conocimiento, se convierten en talentos serviles. No hay justificación moral para aquellos, que en busca de ancha y rica avena, se pliegan a los tiranos.
Los intelectuales, académicos y profesionales tienen el deber de poner en función del bienestar nacional sus conocimientos y con ellos, discernir el bien del mal. Algo que no es tan difícil, si se quiere rendir culto al conocimiento humano.
Los procesos históricos tienen que llevarse a cabo bajo un riguroso cuidado, de estudio y planificación. En un programa que involucre a todos los intereses de la sociedad. Ese programa debe ser defendido por un discurso coherente y convincente, que trace directrices evidentes, para que el pueblo sepa detrás de qué va, a dónde va y qué le depara el futuro. Un discurso que se disemine como el evangelio de la verdad, con interlocutores que lleguen a las masas como pastores, con un proselitismo político honesto y esclarecedor. No basta con la justeza o nobleza de una causa, se necesita un plan para defenderla.
Las opiniones cuando no proponen, no fundan, se convierten en tiempo y espacios inútiles. La descalificación de la estrategia ajena refuerza las posiciones del contrario. Los mediocres, nunca tienden a preocuparse por sus propias estrategias, son unos abusadores del derecho a la libre expresión.
Los pueblos necesitan de un discurso fresco y esperanzador, que rompa con el pasado como referente y con mitos ideológicos, como el cubano.
Si se logra involucrar a una parte sustancial de la población, en una lucha tenaz por su reivindicación social, la represión se satura. No hay tirano que aguante un pueblo en pie. Los tiranos triunfan cuando los pueblos son indiferentes.
No se puede aspirar que los violentos comprendan los principios de la lucha política civilizada. Se necesita además de la inteligencia, fuerzas para enfrentarlos, contenerlos y neutralizarlos. Las turbas deben sentir que no gozan de toda impunidad, que pueden haber consecuencias. No se puede como filosofía de lucha, mostrarse ante el adversario con una inocencia tal, que peque de ingenua.
De igual modo, los países no pueden ver con indiferencia el fenómeno del desarrollo nuclear en Venezuela. Si Irán culmina exitosamente la fabricación de una bomba atómica convencional, podría servir de una especie de protectorado para el programa venezolano. La correlación de fuerzas en el mundo de hoy, encabezada por EEUU, le favorecería y no estoy tan seguro que el Gobierno americano tome una drástica medida. Aquí la contraparte cubana puede jugar un papel significativo, Venezuela tiene el uranio necesario y Cuba el personal calificado, los demás componentes son cosas de tiempo. En los regímenes totalitarios ninguna actitud por descabellada que parezca, puede considerarse exagerada.
Todo esto nos deja con un miedo tremendo, que debe tener todo hombre honrado, salir de la vida, sin gozar de una libertad plena. Y peor aún, no haber hecho lo suficiente para dejar libres a los demás.
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