martes, 16 de febrero de 2010

El totalitarismo no es cosa de juego

Por: Diosmel Rodríguez Miami, Febrero, 2010
rdiosmel@gmail.com

¡Mientras haya en América una nación esclava,
la libertad de todas las demás corre peligro!
...................................José Martí


La última movilización oficialista convocada por Hugo Chávez en Venezuela, el pasado viernes 12 de febrero y su discurso incendiario, demuestran que el totalitarismo no es cosa de juego. No se puede subestimar su capacidad de manipulación y sus tétricos mecanismos de compulsión social.

Y lo peor del caso, no se vislumbra una estrategia real y efectiva que pueda contrarrestar este nefasto engendro político. A hechos iguales reacciones iguales, pereciera ser la máxima de este fenómeno político-social. El proceso venezolano se desarrolla con tan igual similitud al cubano, que pareciera justificar esta aseveración.

Sin embargo, de los fracasos, errores, desaciertos o experiencias, del fenómeno cubano se pudiera sacar el antídoto para esta triste realidad. Cuando los pueblos caen en esos devaneos políticos, que los aleja del cauce lógico y natural de un país, sucede frecuentemente, que necesitan de un escarmiento para comprender, cuánto vale y se necesita la libertad.

Nuestros pueblos deben hacer un recuento histórico del pensamiento latinoamericano y buscar referente en aquellos hombres de mentes anchas, como José Martí, que nos alertaron de nuestros posibles males futuros y que también nos recetaron remedios, que hoy urgentemente necesitamos.

El fenómeno político venezolano y sus ramificaciones son más complejos, de los que muchos se imaginan. El desmonte de un sistema totalitario, con las herramientas de la democracia, tiene que ser una obra titánica, inteligente y estratégicamente bien conceptualizada. Tiene que partir de un análisis psicosocial del comportamiento de las masas y del papel y procedimiento de sus líderes. No puede ser un proceso empírico de reacción, sino de acciones proactivas, que vinculen a las masas con sus propios intereses, donde la insatisfacción social sea su principal componente.

Las denuncias son una fase importante de la lucha cívica no violenta, siempre que convoquen a la acción contra el poder que las provoca. Las denuncias pueden ser efectivas, siempre que no se caiga en el papel de víctimas, porque las víctimas inspiran lástima, pero respeto.

En un pueblo que su sistema de opresión se fundamenta en la cultura del miedo, incurrir en los actos que se le temen o resaltarlos es confirmar su miedo. Hay que evitar que la población se apodere del síndrome de la indefensión adquirida. Se debe movilizar su voluntad y su grandeza, para que ese pueblo, sin demora, salga a buscar por todos los medios su libertad.

La radicalización del proceso venezolano, que se aleja del Programa del Socialismo del Siglo XXI, pudiera pensarse que precipitaría la caída del Gobierno de Hugo Chávez, pero otros procesos históricos, como el de Corea del Norte, no nos permiten ser tan optimistas. La radicalización puede poner en juego otros elementos del control totalitario, como las confiscaciones, que aunque se contraponen a la libertad empresarial y de propiedad, reciben cierta aprobación popular: porque bajan los precios de los productos en los mercados expropiados y por el egoísmo natural de los seres humanos. Otro punto a favor de la radicalización - que los adversarios -, unos se pliegan por las migajas que brinda el poder y otros huyen: “enemigo que huye, puente de plata”.

La salida del país es un recurso válido, pero estratégicamente no se justifica. Si los más capacitados y de más recursos económicos abandonan el país, dejan a las masas acéfalas e indefensas. Disfrutar de la libertad ajena es cómodo y menos riesgoso, pero no se es realmente libre. Mientras menos agonía haya para vivir en tierras extranjeras, menor será el esfuerzo para conquistar la suya propia.

Si la política es el arte de gobernar y la democracia es la regla de la gobernabilidad, todos los hombres de bien tienen responsabilidad para que se cumpla la voluntad democrática. No se puede aspirar a la democracia, si se comienza por desconocer sus principales herramientas, las elecciones. Hay que luchar por ellas y defenderlas, la razón les asiste y son compatibles con los preceptos universales de la democracia. Desconocerlas es aliarse a los intereses totalitarios, que las anulan o manipulan para perpetuarse en el poder.

Los venezolanos deben luchar a brazos partidos, para salvar lo que le queda de democracia, los mecanismos de cambio: elecciones presidenciales, parlamentarias y los revocatorios, algo que les permite mantenerse dentro del juego democrático. Por tanto, presionar y buscar la forma inteligente de con ellos, controlar o regular el poder es una responsabilidad de las fuerzas opositoras. Hay que evitar a toda costa, que la oposición pierda la capacidad de formar gobierno, como ha pasado en Cuba.

La lucha de hoy no es menos meritoria y arriesgada, que la libraron nuestros héroes y mártires, actitudes que hoy gusta mucho rememorar, pero que son muy difíciles de imitar. Sin sus riesgos y entrega, muy pocos resultados podremos lograr, frente a enemigos de igual calaña, pero con recursos abundantes y métodos más sofisticados.

Los pobres, siempre terminan siendo las víctimas necesarias de aquellos que fingiendo sus más frenéticos defensores, los utilizan para tener en quienes alzarse. Los pobres son mayorías, por eso para la política son tan importantes, quien capitaliza sus necesidades, controla el poder.

Si no se logra revertir esa situación, donde los pobres vean más peligro en las promesas incumplidas, que en su capacidad para salir de la pobreza, siempre serán rehenes de los buitres del poder. Bienaventurados los que pueden dar parte de lo que le sobra, para conseguir la libertad de su pueblo. No solo por patriotismo, sino para garantizar con la libertad, no perder lo que se tiene.

Sin embargo, los pobres no son culpables, si en busca de su salvación, por ignorancia o necesidad venden sus almas al diablo. Culpables son los que con pleno conocimiento, se convierten en talentos serviles. No hay justificación moral para aquellos, que en busca de ancha y rica avena, se pliegan a los tiranos.

Los intelectuales, académicos y profesionales tienen el deber de poner en función del bienestar nacional sus conocimientos y con ellos, discernir el bien del mal. Algo que no es tan difícil, si se quiere rendir culto al conocimiento humano.

Los procesos históricos tienen que llevarse a cabo bajo un riguroso cuidado, de estudio y planificación. En un programa que involucre a todos los intereses de la sociedad. Ese programa debe ser defendido por un discurso coherente y convincente, que trace directrices evidentes, para que el pueblo sepa detrás de qué va, a dónde va y qué le depara el futuro. Un discurso que se disemine como el evangelio de la verdad, con interlocutores que lleguen a las masas como pastores, con un proselitismo político honesto y esclarecedor. No basta con la justeza o nobleza de una causa, se necesita un plan para defenderla.

Las opiniones cuando no proponen, no fundan, se convierten en tiempo y espacios inútiles. La descalificación de la estrategia ajena refuerza las posiciones del contrario. Los mediocres, nunca tienden a preocuparse por sus propias estrategias, son unos abusadores del derecho a la libre expresión.

Los pueblos necesitan de un discurso fresco y esperanzador, que rompa con el pasado como referente y con mitos ideológicos, como el cubano.

Si se logra involucrar a una parte sustancial de la población, en una lucha tenaz por su reivindicación social, la represión se satura. No hay tirano que aguante un pueblo en pie. Los tiranos triunfan cuando los pueblos son indiferentes.

No se puede aspirar que los violentos comprendan los principios de la lucha política civilizada. Se necesita además de la inteligencia, fuerzas para enfrentarlos, contenerlos y neutralizarlos. Las turbas deben sentir que no gozan de toda impunidad, que pueden haber consecuencias. No se puede como filosofía de lucha, mostrarse ante el adversario con una inocencia tal, que peque de ingenua.

De igual modo, los países no pueden ver con indiferencia el fenómeno del desarrollo nuclear en Venezuela. Si Irán culmina exitosamente la fabricación de una bomba atómica convencional, podría servir de una especie de protectorado para el programa venezolano. La correlación de fuerzas en el mundo de hoy, encabezada por EEUU, le favorecería y no estoy tan seguro que el Gobierno americano tome una drástica medida. Aquí la contraparte cubana puede jugar un papel significativo, Venezuela tiene el uranio necesario y Cuba el personal calificado, los demás componentes son cosas de tiempo. En los regímenes totalitarios ninguna actitud por descabellada que parezca, puede considerarse exagerada.

Todo esto nos deja con un miedo tremendo, que debe tener todo hombre honrado, salir de la vida, sin gozar de una libertad plena. Y peor aún, no haber hecho lo suficiente para dejar libres a los demás.

martes, 19 de enero de 2010

Haití: la refundación, una solución definitiva.

Por: Diosmel Rodríguez
rdiosmel@gmail.com

Lo sucedido en Haití es el clímax de una gran tragedia. De una tragedia acumulada por años, que no encontró solución mediante las prácticas convencionales de ayuda; debido a la propia infraestructura de la causa que la origina. A partir de ahí, nace la posibilidad de una solución definitiva, la refundación de Haití.

La reconstrucción de Puerto Príncipe y otras ciudades sería sumamente costosa, por las condiciones en que se encuentran antes y después del terremoto. Hay que demolerlo prácticamente todo, incluso sacar del área, aquellas personas que permanecen en sus respectivas viviendas.

La experiencia ha demostrado que los países que reciben sistemáticamente ayuda humanitaria, desarrollan una cultura asistencialista. La ayuda humanitaria no necesita demostrar resultados tangibles, por lo que se presta para la corrupción. Haití ha recibido multimillonarias contribuciones y no logró indicadores aceptables, a pesar del esfuerzo internacional por reducir su estado de pobreza extrema.

La solución definitiva sería la relocalización de su población en asentamientos de 40 a 50 mil habitantes. Los lugares de asentamientos serían determinados por estudios socioeconómicos de factibilidad.

Los países y comunidades encargados del desarrollo internacional, bajo el auspicio de la Naciones Unidas, podrían definir quienes serían los garantes de cada asentamiento. Luego de la edificación, estos mismos países, quedarían encargados de monitorear y potenciar su desarrollo, tanto económico como social.

La edificación de nuevos pueblos, brinda la posibilidad de construirse viviendas de bajo costo, pero con las condiciones mínimas de habitabilidad, de acuerdo a los estándares internacionales. Además, cada pueblo llevaría las infraestructuras mínimas indispensables, en materia de salud, educación y las instituciones públicas. Así como todas las redes de acueducto, alcantarillado, electricidad y comunicaciones.

Otro aspecto positivo de la reubicación habitacional en Haití sería la desconcentración poblacional. Eso rompe el esquema logístico de la delincuencia, facilita el desarme de la población y del crimen organizado.

El esquema de desarrollo debe ser preconcebido y los asentamientos deben surgir con estructuras económicas definidas. No hay población alguna que no tenga capacidad para emplear su fuerza de trabajo de forma racional y productiva, si se evalúan y diseñan iniciativas y proyectos de acuerdo a sus potencialidades.

Aunque se trata de relacionar la catástrofe ocurrida en Haití, con la pobreza extrema que vive esa nación caribeña, la realidad es otra. La clase media, por las características constructivas de sus viviendas, fue la más afectada. El desplome de las sedes de las principales instituciones del país, así lo demuestran. Todavía no se ha hecho el recuento de la naturaleza y la composición social de las víctimas, cuando se haga, se comprobará el número de técnicos, profesionales, funcionarios, deportistas, artistas y miembros de la comunidad empresarial, que perecieron en el terremoto.

Haití necesita más que una reconstrucción material, Haití tiene que refundarse como nación, recuperar su identidad nacional, sus valores morales y espirituales. En todo esto debe enfocarse la comunidad internacional.

El presidente de Colombia Alvaro Uribe ha recomendado implementar la misma estrategia que se llevó a cabo en la ciudad de Armenia, para su reconstrucción después del terremoto ocurrido allí, el 25 de enero de 1999.

El sistema tendría características similares al fondo Forec, creado en 1999 para la reconstrucción de Armenia, tras el terremoto que afectó al Eje Cafetero ese mismo año.

Según Uribe: "A cada país dispuesto a ayudar se le deben asignar responsabilidades para tareas específicas y Colombia tiene toda la disposición". Sin embargo, la distribución de tareas pudiera llevarse a todos los niveles, incluso, a nivel de ONG,s. En nuestro caso, The Civil Rural Development Project, Inc. estaría en capacidad de implementar su iniciativa del desarrollo rural integral, a partir de las microempresas asociativas solidarias, cuando se entre en la etapa de la recuperación económica.

Si en Haití, no se toman las medidas necesarias, y de forma inteligente y responsable se asume esta situación, Haití corre el riesgo de desaparecer como nación.

www.proyectorural.org

jueves, 19 de marzo de 2009

Conmemoran en Houston, Texas aniversario de la Primavera Negra en Cuba

HOUSTON, Texas 18 de marzo de 2009 - Miembros de varias organizaciones patrióticas del exilio cubano en Houston, Texas se dieron cita este 18 de marzo, en la sede de Casa Cuba, en esta Ciudad del sur de los Estados Unidos de Norteamérica, para conmemorar el sexto aniversario de la primavera negra de Cuba.

Al recordar este triste episodio, donde más de 75 opositores y disidentes fueron enterrados vivos, los presentes en la actividad coincidieron en que, con ese ignominioso acto de injusticia el régimen no consiguió su propósito de acabar con la oposición, sino todo lo contrario, pues se ha multiplicado y continua creciendo, nutriéndose de valiosos compatriotas de las nuevas generaciones de cubanos.

Los participantes enviaron un mensaje unánime de solidaridad para nuestros hermanos presos políticos y de conciencia, las Damas de Blanco y demás familiares.

En el encuentro estuvieron presente Jorge Ferragut, Secretario General del Comité Panamericano Pro- Democracia; Enri Saumell ex prisionero político y Presidente fundador del Movimiento Alternativa Republicana, Diosmel Rodríguez ex prisionero político y Director Ejecutivo del Proyecto de Desarrollo Cívico Rural, entre otros.

domingo, 15 de marzo de 2009

LOS CUBANOS POR EL MUNDO

VICTOR MONA
PERIODISTA MEXICANO

Los cubanos salen de una isla pequeña y se han diseminado por todo el mundo. Uno es profesor en una universidad de Australia; otro, inauguró en Alaska un restaurante. Nada los detiene, ni el frío ni el calor. Los seduce el trópico de la Florida, pero soportan igualmente a pie firme los hielos de Boston y Nueva York. No mendigan, trabajan. Los que en Cuba eran pobres, aquí son ricos. Los que allá eran medio pelo, aquí son pelo y medio.

Ningún obstáculo detiene su laboriosidad beligerante si la oferta es digna. Uno es rector de la Universidad; otro, maquilla muertos. Cambian, pero sólo en la superficie. En Miami siguen jugando la bolita (lotería Prohibida), peleando gallos a escondidas y enviando los hijos a la escuela privada. En Madrid, están contra José Luís Rodríguez Zapatero y en Caracas , contra Hugo Chávez, siempre en la oposición. Se les critica y se les envidia pero en el fondo se les admira. Gallegos por el trabajo y judíos por la voluntad de sobrevivir, constituyen una legión empecinada que no se deja ignorar. Traen su música calurosa, el ruido de sus tambores, los frijoles negros y el bistec de palomilla con moros y maduros. Pero traen sobre todo la simpatía, la cordialidad y la laboriosidad.

¿Quiénes son? Son los cubanos del destierro, la única población mundial trasplantada, que (salvo los hebreos) en más de un tercio de siglo no han perdido su identidad. Los que admiraban a Cuba desde lejos como ejemplo supremo de pujanza latinoamericana, los que veían a Cuba como un milagro étnico y cultural, donde todo parecía un relajo pero todo funcionaba bien, ya no tienen que ir a Cuba para conocerla! . Aquí la tienen dentro de los mismos E estados Unidos. Esta es Cuba. Estos son los cubanos. Exagerados, fanfarrones, ruidosos, sí, pero también intensos, profundamente creadores y Buenos amigos. ¿Y qué no han hecho en estos 50 años de destierro los cubanos para poder sobrevivir con dignidad? Cuál actividad manual o intelectual no han ensayado en éste o en aquél país, por complicada que pareciera, lo han realizado para no quedarse detrás, para no dejarse discriminar.

En alguna de esas actividades han llegado tan lejos que superan a emigraciones s que los precedieron por cerca de medio siglo No hay hospital en Estados Unidos donde no haya hoy un médico cubano. No hay periódico donde no haya un periodista cubano, ni banco donde no haya un banquero cubano, ni publicitaria donde no haya un publicitario cubano, ni escuela donde no haya un maestro cubano, ni universidad donde no haya un profesor cubano, ni comercio donde no haya un manager cubano.

En las Grandes Ligas del béisbol sus nombres también brillan. En Madrid, el primer poeta latinoamericano es un negro cubano. En la Coca Cola, Kellog's, McCormick, Pepsi Cola y tantas otras su dirigente es, o fue un cubano. En el Congreso de Washington hay cinco cubanos, en el Senado federal se sientan tres cubanos, el Ministro de Comercio de E. U. es un cubano, la Viceministra de Salud es una doctora cubana. Caramba, son unos pocos en éste país y llegaron hace muy poco tiempo.

En las tierras prestadas del extranjero parecen llevar siempre en la frente la marca del sitio de donde vienen. Los cubanos llevan a Cuba. La enaltecen y la honran, porque además de en la frente la llevan en el corazón. Pero hay algo en el desterrado cubano, a mi juicio, superior a esa actividad profesional triunfante, y es su odio al despotismo del que huyen, su amor a la tierra que deja ron. Eso lo separa y lo define. Eso da a sus triunfos en medio del desarraigo, una grande za que de otro modo no tendría.

Se han afincado definitivamente en estas tierras hospitalarias que los han acogido y donde viven en lo material muchas veces mejor que como vivían en Cuba. Aún teniéndolo todo, si les falta Cuba, no tienen nada. Quizás por ello han hecho su Cuba aquí. Por eso, si se le mira bien, se verá que a veces parece que el cubano ríe, pero en realidad está llorando por dentro.

Le nace el hijo, le crece, se le gradúa en la Universidad, pero el cubano suspira. ¡Ay, si estuviera en mi Cuba!.. Compra una casa, un auto, o una lancha y sigue suspirando. ¡Ay!. ¡Si todo esto lo tuviera en Cuba! De una manera misteriosa, que no puede definir hay un vínculo con aquello que tira de aquí hacia allá. Ahora que perdió a su país, sabe que no puede vivir sin Cuba, y la sueña de noche, y le agiganta los valores y la embellece y la idealiza, y se culpa de no haberla entendido mejor, y la recrea en sus cantos y bailes, y la revive en sus historias en sus costumbres y en sus comidas.

¿Por qué compran hoy los cubanos más libros cubanos que nunca? ¿Por qué tienen sus casas, sus negocios y sus oficinas llenas de palmas, de banderas, de escudos y de retratos de José Martí? ¿Por qué aunque sean USA citizens SIGUEN SIENDO CUBANOS? ¿Por qué se reúnen en sus municipios formados en el exilio, borrando antiguos antagonismos de partido o clase? Porque el cubano sabe que lo único auténticamente suyo fue SU CUBA y que a ella quisiera el poder regresar. No les preocupa que le devuelvan la residencia o el negocio, si lo tenían. Lo único que desean es volver a su tierra. La casa donde nació esta destruida, al pueblo se lo han puesto desconocido, la madre ha muerto.

Pero no importa. El exiliado cubano quiere de todos modos ir a esa casa, a ese pueblo y a esa tumba. La Patria empieza ahí.

sábado, 28 de febrero de 2009

El meollo del asunto

Diosmel Rodríguez
Houston, TX Febrero 28, 2009
rdiosmel@gmail.com

La publicación de tres artículos por diferentes autores, sobre una importante arista de la problemática cubana, pone de relieve que hay una verdadera y genuina preocupación por encontrar el meollo del comportamiento social y político de la sociedad cubana en la Isla.

El primero en traer el tema a colación fue el periodista Pablo Alfonso, en su artículo “Ironías y paradojas” publicado en el Diario de Las Américas el 7 de febrero del 2009, donde dice:

“Usted puede escuchar de protestas públicas en Pekín o Moscú, pero no en La Habana. Esa realidad quiere decir dos cosas. Uno: Los cubanos en la isla todavía le otorgan cierta confianza política al régimen. Dos: Los cubanos no protestan porque se han vuelto incapaces de reclamar a cara descubierta sus derechos. Cuba es un convento político. La dictadura descansa. Por supuesto que no faltan opositores, pero sin duda, no hay una Oposición articulada con un poder de convocatoria, que supere al miedo, al acoso y a la represión policial. Eso es lo que demuestra la realidad”.

El día 25 de febrero, Ivette Leyva Martínez, bajo el titulo “El muro de la disidencia” publicó un artículo en el Nuevo Herald, donde señala: “La oposición cubana viene dando síntomas de un anquilosamiento similar al del régimen. Ha fracasado en su principal misión: convertirse en un movimiento popular”.

En la Habana, Cuba, la periodista independiente, Laritza Diversent, el 26 de febrero en su articulo “NO ES COBARDÍA, ES IGNORANCIA POLÍTICA”, trata de reinterpretar lo argumentado por Pablo Alfonso y dice: “Antes de afirmar que los cubanos son incapaces de reclamar, en otras palabras cobardes, hay que preguntar ¿Qué entienden los cubanos por derechos humanos? En Cuba no hay cobardía ni desinterés por la política. Lamentablemente hay un desconocimiento jurídico que impide que el pueblo emprenda acciones concretas para una transición democrática”.

Sin embargo, ninguna de las conjeturas llega a una conclusión muy clara.
Todas tienen algo de verdad, pero necesitan ser llevadas a una realidad más pragmática, donde se pueda definir los antecedentes históricos del sistema imperante en Cuba, los mecanismos de control social del régimen, incluyendo la represión desmedida, la anulación de la vida y activismo político y la fallida estrategia de la oposición, que no ha sabido readaptarse a cada nueva circunstancia histórica.

Cuando Pablo Alfonso habla de la incapacidad de los cubanos de reclamar públicamente sus derechos, interpreto que se refiere a la indefensión adquirida, ese síndrome que como inercia lleva el ser humano por dentro y que solo se vence mediante los mecanismos de compulsión social.

Es cierto que no hay una oposición articulada con poder de convocatoria y capacidad movilizativa, eso es una realidad evidente. Las causas que lo motivan deben ser parte de un minucioso análisis, pero lo cierto que no existe una vinculación de la oposición con la comunidad a partir y en representación de sus intereses.

Los líderes de la oposición en Cuba, no son los típicos luchadores sociales, que se arriesgan a partir de su liderazgo y se convierten en hombres de pueblos. Las justificaciones pueden ser muchas, pero el resultado es el mismo, no existen esos luchadores. Nuestros líderes de la oposición, cuando confrontan al gobierno, no lo hacen defendiendo un hecho de impacto social, o que así al menos lo interprete la población, razón por la que hemos visto a la muchedumbre gritar; ¡Abajo los Derechos Humanos!

Lo señalado anteriormente también es válido para lo que plantea Ivette Leyva Martínez, cuando refiere que la oposición ha fracasado en su misión de convertirse en un movimiento popular. No obstante, cuando se señala el anquilosamiento de la oposición, debe tenerse en cuenta que hay un liderazgo histórico que ha envejecido, pero no ha encontrado un acertado relevo generacional, producto del éxodo masivo de la oposición.

En este punto es muy importante señalar, que aunque la nomenclatura envejece, los cuadros intermedios y de base, así como los agentes represores se renuevan constantemente. Además seguidores y partidarios del régimen siguen ahí ocupando el teatro de operaciones, no emigran, mientras los que disienten en vez de convertirse en una fuerza cada día mayor, abandonan el país.

En política, los planteamientos macros, entran dentro de la retórica. El planeamiento de que el pueblo no reclama sus derechos por desconocimiento jurídico es desconocer la psicología de masas. Mas en un país, que la ley no forma parte de un estado derecho, ni su aplicación siquiera corresponde un acto jurídicamente probado o en consecuencia de los hechos cometidos, enmarcados y tipificados en un Código penal. El fusilamiento de los tres jóvenes, relacionados con el secuestro de la lancha de Regla, bajo la prerrogativa de una medida ejemplarizante, demuestra fehacientemente, que hasta la pena de muerte puede ser a discreción de la cúpula gobernante.

Si partimos que las masas son amorfas e inorgánicas por naturaleza, no podemos asegurar que con conocimiento jurídico el pueblo emprenda acciones concretas para una transición democrática. Las masas por sí solas no emprenden acciones, si no hay un liderazgo que tome la iniciativa, principalmente en nuestras sociedades de una arraigada cultura caudillista.

Los líderes son los encargados de identificar esos derechos jurídicos, apoyarse en ellos y convocar al pueblo para salir a defenderlos. Y no solo los derechos jurídicos establecidos dentro de un marco legal, sino aquellos derechos elementales de la vida, como la vida misma.

En Cuba no ha surgido un movimiento civilista en contra de la pena de muerte, algo muy importante, porque podría entrar en consonancia con los llamados movimientos progresistas y eliminaría la herramienta suprema de la represión y principal causa del miedo psicológico colectivo, dejando la prisión como la mayor medida de terror, algo que podría saturarse, como una estrategia de lucha.

El trabajo inteligente de una oposición es buscar todas aquellas causas que conducen al inmovilismo social, revertir sus efectos y a partir de ahí establecer sus estrategias. El líder, rebautizado por el régimen cubano como cabecilla, constituye su principal objetivo estratégico. El tratamiento para con él es descalificarlo y luego someterlo a un castigo excesivo ejemplarizante, pero nunca hacerlo mártir por una causa noble.

Esto indica que el liderazgo político, en el estricto sentido de la palabra es peligroso, arriesgado y de bajo impacto social. La estrategia debe ser a partir de un liderazgo colectivo tomando como base las demandas sociales, en un momento que las condiciones están dadas, a juzgar por la cantidad de fotos de grupos contestatarios que llegan de Cuba.

En otros trabajos se han esbozado muchas ideas y estrategias que deben ponerse en práctica para lograr verdaderos cambios en Cuba y el papel que deben jugar los diferentes actores en este complicado escenario político. En un próximo trabajo estaremos exponiendo las causas objetivas y subjetivas responsables de esa inercia política y social en que se encuentra la población cubana

domingo, 22 de febrero de 2009

Nosotros si somos arrechos

Diosmel Rodríguez
Houston, TX Febrero 22, 2009

Una serie de razonamientos anteriores nos permitían presagiar los acontecimientos que se producirían en Venezuela durante el mandato de Hugo Chaves. Y cómo, era necesario diseñar una estrategia para enfrentarlo acorde a las características de esos regímenes autoritarios de corte totalitarios; ahora reciclados y camuflados en el nuevo socialismo, el socialismo del Siglo XXI.

El proceso cubano, como referente en cuanto métodos para imponerse, pudo haber ayudado mucho a las fuerzas prodemocráticas venezolanas. Ya en diciembre del 2000, durante un evento celebrado en Sao Paulo, Brasil por el Movimiento Mundial para la Democracia, se alertaba a la delegación venezolana del inminente peligro que corría la democracia en su país.

Los señalamientos, provenían de nosotros los cubanos presentes en el evento, tomando como base nuestra propia experiencia. Sin embargo, la reacción fue la de siempre: “Nosotros somos diferentes, nosotros nos somos los cubanos. Nosotros si somos arrechos”.

Lamentablemente el hecho se repite, y lo peor es que todavía, ni siquiera los cubanos hemos encontrado el método para salir del problema. La salida de este conflicto ideológico no es tarea fácil y más si se subestima. El caso de Venezuela y Bolivia así lo demuestran, son regímenes diabólicamente concebidos mediante un esquema de control social que desgraciadamente funciona. No es un problema de individuos, si no de sistema. Individuos como Hugo Chávez y Evo Morales, descalificados como presidenciables, mantienen el poder con relativa facilidad.

El caso cubano, referente natural de todo este proceso, lo ilustra todo. Una dictadura por 50 años, sin enfrentar crisis severas de poder. Incluso, cuando su líder máximo desaparece del escenario político y se produce una sucesión de corte dinástica, y no pasa nada. Todo esto, nos lleva a analizar y buscar las causas de este proceso dentro del comportamiento humano.

Muchos y con cierta razón han utilizado el proceso de la Unión Soviética y el llamado campo socialista para buscar una estrategia común de, cómo desmontar los regímenes totalitarios. No obstante se atribuyen las causas de su colapso a diferentes factores, pero los más posibles muy raras veces se abordan.

Lo más importante es tener en cuenta las propias características del sistema. El llamado sistema socialista no prevé la sustitución del poder desde abajo hacia arriba. El Gran Jefe, El Camarada en Jefe y todas sus denominaciones no se equivoca, se equivocan los cuadros intermedios. El Jefe nunca tiene la culpa. Esto impide el cuestionamiento y toma de decisiones de los subordinados. Así llegó Mikhail Sergeyevich Gorbachev con su glasnov y la perestroica, conociendo los mecanismos del poder y sin cometer los errores de Nikita Jruschov, pero a diferencia de éste Gorbachev no tenía la responsabilidad histórica y jurídica de los excesos y crímenes ocurridos durante tantos años en la Unión Soviética.

En este contexto y bajo estas premisas el caso cubano no ha cumplido las etapas necesarias para el desmonte desde adentro. Y se pueda cumplir aquello que para los cambios “no basta que los de abajo no quieran vivir como antes, sino que los de arriba no quieran vivir como hasta ahora”. En nuestras condiciones, es de iluso pedirle a Raúl Castro cambios que les pueden costar el poder, enfrentar un proceso judicial, sin necesidad real alguna. Raúl Castro será medio chino, pero no Alberto Fujimori.

Aquí se van abriendo ciertas disyuntivas, si la experiencia demuestra que el fin de estos sistemas es con el fin de la generación biológica de los que los implantaron, Cuba no tiene muchos problemas, pero los venezolanos tienen sobradas razones para preocuparse. Un líder y principal responsable del proceso, relativamente joven, una izquierda internacional rejuvenecida, un nuevo eje hegemónico en franco desarrollo, con Rusia y China económicamente fortalecidas y un mundo árabe en franca alianza, contra un Estados Unidos, totalmente debilitado y con dudosa conducción.

Si a todo esto, le sumamos una oposición que no descifra cómo enfrentar los desmanes de los progenitores del Socialismo del Siglo XXI y tampoco tuvo éxito en el enfrentamiento al Socialismo del Siglo XX, la cosa se complica. No se puede enfrentar estos regímenes con las herramientas clásicas de la oposición política tradicional.

La estrategia de la oposición a Castro al principio de la Revolución, fue utilizar los métodos que incluso a ellos los llevaron al poder, sin tener en cuenta la naturaleza del nuevo sistema, razones por lo que todos sus esfuerzos fracasaron. Bien valdría hacer un estudio de los fracasos de la oposición cubana en su lucha por instaurar la democracia y derrocar esa terrible dictadura. Errores que en similitud y por desgracia comete la oposición venezolana.

La oposición interna en Cuba no ha sabido canalizar las tenciones sociales y exacerbarlas. En 50 años no se ha producido un líder social, un luchador social que trascienda en las masas. Y no por falta de represión y abusos del poder, sino porque la lucha se ha dirigido en otro sentido, primero hacia la confrontación armada y luego a la lucha política y de derechos humanos, algo justo, pero que no tiene poder de convocatoria, por ende no alcanza capacidad movilizativa.

La oposición venezolana tiene que adaptarse a la nueva propuesta, el socialismo del Siglo XXI. En el tiempo que le queda para la nueva contienda electoral, debe prepararse para ella, pues no tiene otras alternativas para alcanzar el poder e imponer la democracia.

La preparación tiene que contemplar una propuesta de gobierno atractiva, representada por líder carismático, elocuente y sin arrastre político. Este nuevo líder debe provenir de unas elecciones primarias, que asegure un candidato único. Una fractura de partidos en oposición a Chávez, dividiría los votos en su contra, asegurándose para él la mayaría.

En este período, un tanto de tregua política de Chávez, las fuerzas políticas de oposición pueden actuar de forma independiente, pero con un objetivo común, desgatar el capital político del gobierno. Necesitan capitalizar las inquietudes sociales, convertirse en sus voceros y movilizar las masas en busca de las promesas ofrecidas. Todo tiene que convertirse en una demanda, desde la propiedad de las tierras, las viviendas, los servicios de salud, etc.

Las demandas constantes son las únicas que comprometen al gobierno con su responsabilidad ente su pueblo, las que ponen en evidencia la insatisfacción social y muestran un liderazgo que va mas allá de un simple interés por ser los nuevos dueños del poder.

El tiempo se acaba, si no se aprovecha luego será tarde, llegará el momento que ni para protestar habrá tiempo, pues quedan prohibidas las protestas hasta para los arrechos.